Mujeres, Hombres, Mujeres y hombres
Constantemente en los medios vemos cómo las instituciones, públicas y privadas, adaptan su discurso a la retórica de la igualdad tan de moda. Ya hay ciudadanos y ciudadanas, diputados y diputadas, (incluso estudiantes y estudiantas). No obstante no reparamos en que el problema de la igualdad tiene como base una sociedad que perpetúa los roles sociales por razón del sexo de cada uno. Y de lo que se trata (más bien) es de integrar cualidades humanas, que han sido estigmatizadas absurdamente por identificadores culturales con los distintos géneros.
Los seres humanos, que tememos a la duda, lo desconocido y lo ambigüo, decidimos un buen día categorizar el mundo en apartados para que no nos resultase tan molesto eso de tener que decidir. Pero las etiquetas reducen.
Asimismo, los medios de comunicación masivos, principalmentela publicidad, han utilizado y utilizan este discurdo estereotipado del hombre y la mujer como vía para hacer llegar susmensajes de una forma más directa, clara y eficaz: ^compre usted este coche, será la envidia del resto de sus amigos y, de paso, se lleva a la chica guapa que viene como accesorio^. Por su parte, el periodismo no está exento de esta lacra. Al utilizar el lenguaje como herramienta dejamos colar conceptos que, en ocasiones, no hacen más que reforzar los arquetipos sociales. Así, por ejemplo, no es lo mismo decir que un hombre es público a que una mujer es pública, o decirle a una mujer que se comporte a un hombre o a un hombre que llora como una mujer.
La televisión es el medio que más se presta a los roles de género por el poder de la imagen. Vemos como en los propios telediarios hay cadenas que compiten en la sección de deportes con atractivas presentadoras. Y puede que estén capacitadas cien por cien para desempeñar ese puesto, pero qué curioso, nunca he encontrado a una presentadora que no tuviese una buena imagen, sin embargo, los presentadores es otra historia. Programas como Mujeres, hombres y viceversa, , por citar alguno, contribuyen a narcotizar y a cimentar las bases de lo que después nos quejamos. Pero claro, el morbo no nos deja ver más allá del mando a distancia.
Fuente: Reflexión a partir de La mujer construída: comunicación e identidad femenina.

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